Testimonio de un viaje astral a la “Ciudad de Luz”

El testimonio que a continuación transcribimos fue narrado por un hombre humilde quien lucía verdaderamente convencido de lo que decía. Esto es lo que nos contó: 

Yo nací y crecí en Motul, Yucatán donde he vivido hasta el día de hoy.  En el año de 1995 mi madre partió de este mundo y yo me quedé viviendo solo en una casa de dos cuartos a contra-esquina de donde vive mi papá.

Recuerdo que dos años después comí algo que me hizo tan mal que estuve defecando de manera continua durante todo el día. Al rato me sentí ya muy débil y decidí ir al terreno de mi padre para contarle acerca de mi malestar. Él me dijo que me fuera a acostar mientras le preguntaba a mi hermanita si tenía algún medicamento para controlar la diarrea.

Regresé a mi casa y me acosté en la hamaca. El sueño comenzó a apoderarse de mi pero al poco rato sentí que me estaba elevando. Vi mi cuerpo rescostado pero yo salí traspasando el techo de la casa. Afuera me esperaba un camino tan amplio como una carretera que partía del techo hasta el cielo.

Involuntariamente comencé a avanzar por aquel camino y de pronto caí en la cuenta de que lo hacía con unas sandalias en los pies, una bata cubriéndome el cuerpo y mis brazos extendidos.

Estaba yendo hacia arriba y recuerdo haber visto las estrellas, son unas bolas grandes de piedra iluminadas de una forma que no podía entender.

Caminé entre esas estrellas y en lo más alto vislumbré otro camino que conducía hacia abajo. Por él venía mi madre con una bata y también con los brazos extendidos; venía a mi encuentro. Sin embargo, mi mirada se desvió rápidamente pues noté que a sus espaldas se levantaba una especie de ciudad de luz tan enorme, bella y resplandeciente que me quedé atónito obsrvándola.

Esa luz que vi… no he encontrado otra así aquí en el mundo real

Como pude salí un poco de mi asombro y seguí subiendo pero entonces me topé con un árbol inmenso que tenía hojas secas y cubría todo el camino, de modo que no pude llegar hasta mi madre.

En ese momento sentí cómo me caía desde las estrellas hasta atravesar nuevamente el techo de la casa y volver a mi cuerpo físico.

Al entrar sentí un sacudón muy fuerte y cuando reaccioné mi frente estaba perlada por las gotas de sudor que también cubrían todo mi cuerpo. Entonces me levanté y me arrodillé en el centro de la habitación para elevar una plegaria a Dios; le dije: señor yo no soy digno de entrar a tu reino.

No he vuelto ha tener otra experiencia similar desde aquel entonces.

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